01 Oct Por qué no debes castigar a tu pareja

 

El origen del enfado

¿A quién no le ha pasado esto?

 

Estás con tu pareja, y tú pareja hace algo que no te gusta y tú piensas: “te vas a enterar”.

 

Ese “te vas a enterar” es un pensamiento de enfado. “Te vas a enterar” significa “te voy a castigar , te voy a hacer saber que lo que has hecho no me gusta”.

 

¿Por qué? ¿Por qué tenemos estas ganas de castigar a nuestra pareja cuando hace algo que no nos gusta?

 

Pues la razón está en que solemos crear unas expectativas hacia el comportamiento de nuestra pareja. Estas expectativas pueden estar muy influenciadas por los mitos del amor romántico, y a lo largo del tiempo pueden convertirse en “deberías”: “mi pareja debería hacer esto”, “debería actuar así”, “debería tratarme de esta manera”.

 

Estos “debería” pueden ser muy rígidos, y en el momento en que nuestra pareja no sigue nuestros “debería” nos enfadamos porque vemos una incongruencia entre lo que pensamos que debería ser y lo que en realidad es; cómo pensamos que nuestra pareja debería actuar y cómo está actuando en realidad. Y eso nos cabrea.

 

Por poner un ejemplo, imagínate que una tarde de domingo tú le quiere proponer a tu pareja un plan de ocio para hacer juntos o juntas y le dices: “oye cariño, ¿qué te parece si vamos al cine? O si prefieres vamos a pasear al cauce del río un rato”. Y tu pareja contesta distraída “sí, lo que tú quieras”. Esto tú interpretas como que no tiene interés. Si una de tus creencias sobre la pareja es que todo tiene que ser bonito, agradable, todos los ratos tienen que ser maravillosos, y te encuentras con que tu pareja no está prestando mucha atención a eso, puede que pienses :”mi pareja debería hacer más caso de lo que estoy diciendo”, “debería poner más interés en el plan que estoy proponiendo” ,”debería implicarse más en la relación”.

 

Debería.

 

Ese “debería”, que para ti puede ser muy evidente y lógico, no tiene por qué ser tan lógico en realidad porque, al fin y al cabo, es un pensamiento tuyo. Es una interpretación que tú estás haciendo en base a tus propios conceptos y creencias de lo que debería ser el amor y la relación en pareja. Nuestras interpretaciones matizan mucho nuestra forma de afrontar una situación determinada.

 

Interacciones negativas

 

Este enfado que sentimos nos puede llevar a iniciar una cadena de interacciones negativas con la pareja. Estas interacciones pueden ser amenazas más o menos explícitas. Una amenaza explícita sería, por ejemplo: “como vuelvas tarde a casa esta noche cierro la puerta con llave y duermes en la calle”. A veces las amenazas son también más implícitas: “tú verás lo que haces”.

 

A veces vamos más allá, y podemos querer castigar más duramente a nuestra pareja. El castigo puede ser algo negativo, como montar una bronca, o también puede ser quitar algo positivo: “pues como no te has portado como yo quería me he hecho la cena para mí pero para ti no he hecho”.

 

¿Por qué no debes utilizar ninguna de estas estrategias con tu pareja?

 

Los castigos no te van a solucionar nada, absolutamente nada. Ni siquiera te van a solucionar el enfado interior porque si le castigas, ¿de repente notas alegría? ¿notas alguna emoción positiva? ¿castigas a tu pareja y te sientes bien?

 

El castigo no te va a llevar a conectar con tu pareja. Al contrario, lo que va a hacer es que paséis un mal rato los dos: castigas a tu pareja, no te vas a librar del enfado y de las emociones negativas que en ese momento sientes y además vas a hacer que tu pareja se sienta mal por una exigencia tuya, que puede parecerte muy lógica pero que puede no tener tanto sentido a ojos de tu pareja.

 

Vamos a ver qué podría pasar con la reacción de la pareja. Imagínate que castigas a tu pareja, ¿qué puede ocurrir ahí? Que tu pareja se enfade también y te contraataque. ¿Y eso que va a hacer? Que se desencadene una cascada de cosas negativas donde tú has castigado a tu pareja, tu pareja te contraataca y te castiga a ti, tú le vuelves a castigar… Os vais castigando una y otra vez hasta que alguno de los dos cede y para.

 

¿Qué ocurre si tu pareja cede? Lo que pasará es que a ti te estará reforzando el hecho de que le hayas castigado, porque has conseguido lo que querías. Si tú castigas a tu pareja y consigues lo que querías conseguir castigándole, será más probable que en una situación futura, donde interpretes que tu pareja ha vuelto a romper otra de esas reglas internas que tú has creado, vuelvas a castigarle.

 

Esto es un problema porque significa que el castigo está siendo reforzado, que es más probable cada vez que vuelvas a castigar. Y si tu pareja está cediendo ante tus castigos, lo que está haciendo es intentar librarse de lo negativo que tú le das, y no queremos que ocurra eso. Si tenemos una relación de pareja lo que nos interesa es potenciar lo positivo. Queremos implicarnos en la relación de una forma constructiva y positiva. No queremos que nuestra pareja huya de lo negativo que le damos sino que queremos que perciba lo positivo que le damos, de la misma manera que nos gusta percibir lo positivo que nuestra pareja hace por nosotros.

 

Con el castigo no estamos introduciendo nada positivo. Lo que estamos haciendo es que nuestra pareja esté huyendo de lo negativo, y como nuestra pareja, para huir de lo negativo, se pliega a nuestras exigencias, eso va a hacer que sigamos exigiendo, que sigamos castigando.

A corto plazo puede darnos la impresión de que conseguimos lo que queremos, hacemos que nuestra pareja se comporte como pensamos que debería comportarse, pero ¿qué ocurre a largo plazo?

 

Que esto va a suponer un deterioro para la relación porque no estáis haciendo nada positivo. Lo que estáis haciendo es huir de lo negativo que os dais. El castigo empobrece la relación y puede llegar a ponerla en jaque.

 

¿Qué podemos hacer en vez de castigar a la pareja cuando sentimos un enfado?

 

Lo primero que podemos hacer es pensar por qué este comportamiento de mi pareja me ha enfadado, porque ahí es donde vamos a captar ese pensamiento de “debería”, esa exigencia que hemos creado y que puede que nos haya pasado desapercibida. Esta sería una buena ocasión de, a través del enfado, recorrer la línea de pensamientos que nos ha llevado a enfadarnos para ver cuáles son nuestras exigencias, poder revisarlas y ver si las exigencias realmente tienen sentido o si estamos siendo demasiado rígidos o rígidas con nuestras expectativas.

 

Una segunda estrategia a partir de ahí es que en vez de actuar desde el enfado, vamos a esperarnos y calmarnos para poder hablar las cosas tranquilamente. Es mejor hablar desde la tranquilidad para solucionar lo que nos ha molestado.

 

Si te interesa el tema y quieres aprender más, mira el vídeo que hemos preparado: